viernes 27 de junio de 2008

Crónica de Coachella 2008: Viernes

Nos despertamos como a las 10 de la mañana. Pepe y yo nos habíamos dormido en la cama y Baylón escogió el piso, así que “ganó” el último lugar para la regadera.  Yo elegí ir primero.

—Venían bien cansados, ¿verdad?—me dijo Doña Rosa, con ese acento cantadito de Meoqui. —¿Sí durmieron bien?

—Sí, gracias—.

—Pásele al baño pues, ahí hay toallas y todo—.

—Gracias—.

Examiné el baño y era evidente que esta era una casa humilde.  Una botella de champú y un jabón en la regadera.  Quizá no necesitaban más solo ella y su hija, pero cuando recordé que no había traído nada de eso comencé a sentirme mal. 

Después de mi, siguió Pepe y finalmente Baylón.  Para cuando los tres terminamos, ya nos habían preparado el desayuno.  Qué pena.

Nosotros aún debatíamos dónde quedarnos por el resto de los días que duraba el festival.

—Oiga… disculpe, pero ¿podríamos aquí otros dos días?—dijo Baylón.

—Claro.  Por supuesto.  Esta es su casa—.

Mientras almorzábamos aprendimos que Doña Rosa y su esposo se habían venido de Meoqui hace más de cuarenta años, que su esposo y ella trabajaban pizcando fresas en los sembradíos cerca de Indio y en una planta donde fabricaban sartenes y cosas de esas.  Su esposo murió hace ya varios años y como ella había trabajado tanto tiempo ahora vivía con ayuda del gobierno.  El apartamento donde nos estábamos quedando era de esos para la gente de low income.  Más pena.

Para las 11 a.m. ya estábamos trepados en mi auto y en camino a un Kinko’s, porque yo era el único que aún no tenía boleto y estaba esperando que los de Ticketmaster me lo enviaran por e-mail.  Muy fresa, lo sé.  Afortunadamente dimos rápidamente con él y en menos que lo pensamos ya estábamos en la fila de autos para entrar.

Tardamos ahí como una media hora hasta llegar al enorme estacionamiento, donde nos preparamos poniéndonos bloqueador y echándo todo lo necesario en la mochila de Baylón.  El calor ya estaba a todo lo que da.  De ahí la larga caminata hasta la entrada.

Una vez adentro, la primer parada fue en la carpa Sahara, para ver a DJ Mehdi.

(En el festival hay un escenario principal, un escenario secundario al lado y luego tres carpas enormes con capacidad más o menos para 15 mil, 10 mil y 5 mil personas, respectivamente: Sahara, Mojave y Gobi.  Cada una con alguien tocando, así que casi todo el día hay 5 artistas tocando al mismo tiempo.)

Yo no conocía a este DJ, pero aparentemente es uno de los que Ed Banger Records, así que Baylón y Pepe tenían ganas de verlo.  No estuvo nada mal, aunque cuando comenzó el set la gente como que todavía andaba cruda o dormida y casi no reaccionaba, pero 15 minutos despues todo mundo comenzó a agarrar los beats.

De ahí nos pasamos a la Gobi para ver a Porter.  Un grupo mexa que yo tampoco conocía.  La verdad no me impresionó (y no es por ser malinchista).  Lo único que recuerdo es que por alguna razón el vocalista sonaba como Topo-Gigio de lo alto que quería cantar.  Aunque sí hubo una sorpresa agradable: Natalia Lafourcade aparentemente andaba de compa con ellos y cantó vocales en las primeras dos rolas.

Por cierto, en el festival también ponen en exhibición algunas piezas de arte que te topas por todos lados, como esta, que se llama Big Rig Jig:

Luego, de regreso al Sahara rápidamente para ver a Midnight Juggernauts, un grupo australiano (¿?) que fueron uno de los que “descubrí” en el festival y de los que me hice verdaderamente fanático. 

Ahora a ver a Battles, un grupo de “electrónica” experimental que veníamos escuchando en el camino de El Paso a Indio y que a los tres nos gustó bastante.  Excepto por el vocoder, de electrónica tenían muy poco, en realidad casi todo se lo aventaban con la batería y el bajo y el baterista por alguna razón pone uno de los platillos bastante arriba, lo cual se me hizo algo extraño.  Desafortunadamente llegamos tarde, así que las fotos salieron un poco lejanas.

Cuando Battles terminó tuvimos que hacer una pausa.  El calor ya estaba arreciando bastante y el hambre también, así que nos dirigimos a una de las áreas de comida por una Heineken y algo comestible, que en mi caso acabó siendo algo de pizza. 

Una leve pausa para jugar con una de las piezas de arte, Parábola, y ya con algo de energías, Pepe y yo nos fuimos a ver a Cut/Copy, otro grupo australiano que me cae bien.  Tocan música electro-retro-ochentero.  Bastante rico y bailable.

De ahí a ver a Múm, un grupo de islandia (¿? iceland) que yo no conocía, y que fué otro de mis “descubrimentos” en el festival.  Quién sabe qué tiene ese país (quizá sean las noches interminables) que produce artistas y grupos que les encantan las rolas largas y tranquilas con mucha melodía (Björk, Sígur Ros y ahora, Múm).

Este grupo son como siete músicos, y de lo que más me impresionó es qué tan fácil se intercambiaban los instrumentos.

Desgraciadamente mucha de su música es “callada” y en algún momento comenzó a ser invadida por el punchis-punchis de la carpa de enseguida, donde estaba tocando Sandra Collins y aparentemente se había emocionado con el volúmen.  Pero aún los de Múm no se agüitaron y mantuvieron la gracia:

—Acabamos de llegar de Islandia, y estamos soprendidos.  California es igualito.  Hay una luna hermosa y la gente es amable.  Estamos en casa.

Después de eso nos separamos.  Yo quería ver a The National, un grupo de Brooklyn, NY que se convirtió en uno de mis favoritos después del disco “Boxer”, que está excelente.  Si no lo han escuchado, neta que corran, no caminen a su página de MySpace y échenle oido a algunas de las rolas como “Brainy” y “Slow Show”.  Este era uno de los grupos en mi lista de “ver a huehui” y no desilusionaron pero para nada.

La noche comenzaba ahora a caer.  Tenía algunos minutos mientras preparaban el escenario para el siguiente grupo que quería ver, así que me fuí a dar una vuelta.  De noche, algunas de las piezas de arte comenzaron a cobrar vida.

El Big Rig Jig, de noche:

Y hasta la gente comenzó a verse como alienígenas.

Finalmente fue la hora del plato fuerte (al menos para mi):  The Swell Season.  ¿Qué puedo decir de ellos?  Glen Hansard tiene un sentido del humor bastante bueno.  Tocó la primer rola solo con su guitarra y al terminar se oía el ruido del escenario principal, donde estaban tocanto The Ranonteurs.

How to be louder than The Raconteurs?

Y le hace una señal al de la cabina de sonido para que le suba.  Y luego comenzó a tocar una rola que no le conocía cantando a madres.  (El vato solo canta con su guitarra acústica, pero si lo ven le pone una friega a la pobre, y también tiene la capacidad de cantar entonado pero casi gritando).  Solo digamos que ya no se escucharon los Raconteurs.

Pero después de terminar la rola se escuchaba un punchis-punchis de la carpa de enseguida.

—Now I have to beat Aphex Twin? Fuuuuck!

Jejeje.  Al ratito ya salió Marketa Irglova y por supuesto que tocaron poca mater.

 

Antes de tocar “Falling Slowly” (la rola que ganó el Oscar), Hansard la presentó en su manera peculiar (de lo que recuerdo):

—This song is about what happens… you know when you write write a song you kinda hope it goes somewhere… and it’s like a ball that you kick into your neighbor’s yard. But then you kick it and it goes in to the next house, and then crosses the street and then goes accross the river and into the next town… and there’s this feeling of “did I really kick it that hard?” and there’s also this feeling of “I want my fuckin’ ball back”.  This song is about that.   Actually this song is not about that at all, this song is about being in love… tonight.

Tocaron más canciones y luego en algún momento comenzó a contar que se había topado a Kim Deal de Pixies en donde les tienen la comida.  Así que decidieron tocar un cover de “Cactus”.  En medio de la rola se le rompe una cuerda a la guitarra, pero le sigue.  Uno de los roadies le trae una eléctrica y le sigue con esa.  Marketa le ajusta las perillas mientras toca (sin albur).

En fin véanlo ustedes mismos (este video sí lo tomé yo):

Tocaron otra rola y al terminar, de nuevo se oía el ruido del escenario principal.  Así que comenzó a regársela a Jack Johnson, pero luego alguien del público le dijo que era The Verve… pues también a ellos se la regó:

Ya casi al final, y por si fuera poco, el baterista de The National los acompañó a tocar un par de rolas, y decidieron tocar “The Model” una rola de Kraftwerk:

Al terminar su set.  Me pasé enseguida a ver qué alcanzaba a ver de The Verve, quienes estaban en las últimas rolas y tocaron la ultra-trillada “Bittersweet Symphony”.

Vaya día.

 

(Continuará…)

Crónica de Coachella 2008: Prólogo

Ya me había resignado a quedarme en casa durante mis vacaciones. Había pedido en el trabajo los días que aún "me debían" del año pasado y que perdería si no los usaba. Así que cuando mis mejores amigas comenzaron de voladas con que querían ir al festival de Coachella, en Indio, CA., aparté esas fechas para poder ir. Como de costumbre yo soy el chofer de las aventuras.

—Nomás que tenemos que comprar los boletos desde unos dos meses antes porque se acaban—les dije. Y les dije y les dije. Pero se hicieron locas y al mes los boletos de un día ya se habían agotado.

—Los de tres días están muy caros... yo solo quiero ir dos—fue la primer excusa. Seguida por varias otras.

—¡Ah no canijas, ahora me cumplen o me dejan como estaba!

—Vamos mejor a Oaxaca, a Puerto Escondido.

—No mejor a Puerto Peñasco.

—Ya sé, a la sierra.

—A Mazatlán—. El plan cambiaba cada vez que platicábamos.

—Pinches morras... ¡váyanse a la goma pues!—y le hablé a Raquel para decirle que mejor iba a visitarla unos días a Chihuahua.

El primer día, el miércoles, me empeñé en descansar y no hacer absolutamente nada de provecho. Me la pasé arreglando pendientes de la casa que nunca resolvía por falta de tiempo y matando el tiempo en la computadora. Y en eso se me ocurrió meterme al Messenger para ver quién estaba conectado.

Estaba platicando con Alexa un ratito sobre mis planes alternos de imitar un perezoso, y a los pocos minutos comencé a recibir mensajes de Pepe, mi "ex-cuñao":

—¿Quihubo? ¿Qué milagro?

—No pos aquí malgastando el tiempo un rato. Había pedido estos días para ir a Coachella, pero se me rajaron mis amigas.

—Ah simón, un compa y yo vamos a ir.

—¡Malditoooo, te odio!

—Sí, vamos a rentar un auto y manejar hasta allá.

—Ah chinga', ¿pos qué están locos? ¿Rentar auto? ¿Por qué?

—Porque los camiones tardan mucho y no llegamos. Traemos como 200 dólares.

—No manches eso sale carísimo... yo tengo auto, lo que no tengo es cash, porque me acaba de despelucar el maldito IRS... me tocó pagar "taxes" de nuevo y tuve que dar como 600 dólares.

—Qué mal pedo. ¡Pues vámonos! Vente con nosotros.

—Pues sí, ¿verdad? Les sale más bara a ustedes. Si ponen la gas yo pongo el auto—. Mi mente inmediatamente entró en modo de ingeniero de logística: "Con mi tarjeta de crédito podría alcanzar a pagar los boletos de entrada... apenas. Tendría que llevar el auto a que le cambien el aceite porque ya le toca el cambio. Chin, tengo que comprar las cosas que me había encargado mi hermana de El Paso ahorita mismo, en vez de mañana, como lo tenía planeado... A ver, ¿cuánta lana me queda...?" —Pues yo puedo cooperar con como unos 60 dólares que es lo que me queda. Oigan, ¿y ya saben dónde se van a quedar?

—Pues habíamos pensado vagabundear.

—¡Estan locos! Con la cantidad de raza de fuera de la ciudad que va a haber en ese pueblucho la policía va a andar especialmente payasa. Y a estas alturas no va a estar canijo encontrar un hotel para reservar... quién sabe en cuánto anden...

—¿Y si nos quedamos acampando?

—Podría ser. ¿Tienen equipo?

—No pero en el camino nos detenemos en un Wal-Mart o algo así.

—Hmmm... a ver... los boletos para el área de acampar andan en 55 dólares por piocha, pero son para todo el fin de semana. Igual y sí se arma—. Después de todo, qué es una aventura sin algo de incertidumbre. —Aparte, muchas de las personas solo van a ir para los últimos dos días, así que igual y sí encontramos un hotel.

—¿Entonces cómo le hacemos? ¿A qué hora nos vamos?

—Pues no sé... yo estoy de vacaciones, así que tú dime.

—Yo tengo clase mañana, y tengo que ir al laboratiorio pero me desocupo como a las 11 de la mañana. Luego voy por este güey al puente porque viene desde Monterrey.

—Sale. Yo aprovecho la mañana para llevar el auto a que le hagan el servicio y los recojo allá. Ahorita deja compro mis boletos para el festival y te marco más tarde para ver qué onda.

—Chido. Nos vemos.

Y sin querer queriendo se había armado el viajecito. Le conté rápidamente a Alexa que seguía en línea. Comencé a acelerarme porque ahora había más pendientes que resolver: necesitaba hacer mis maletas, comprar los boletos por Internet, buscar dónde imprimir mis boletos porque no estarían listos sino hasta el viernes que comenzaba el festival, buscar hoteles potenciales, direcciones de manejo y mapas de dónde era el evento y cómo llegar desde El Paso hasta Indio. De lo que recordaba de la útlima vez que fui, hace cuatro años, era sencillo: tomas el I-10 rumbo al oeste unas 700 millas, casi hasta donde se acaba el país.

En todo el merequetengue, no me había percatado que Raquel se había conectado y también estaba ahora en línea.

—¿Qué crees? Siempre sí me voy a ir a Coachella.

—¿Cómo? ¿Siempre sí van a ir?

—No, con tu prima y el resto de las viejas locas no. Pero, ahorita se acaba de armar con otro amigo.

—¿Y yo qué?

Demonios. Ya no había presupuesto para picharle el viaje como inicialmente lo planeamos. Comencé a pensar de dónde sacar lana... —Se me hace que ya no alcanza el varo...

—No, no me refería a eso. ¿Ya no vas a venir a verme?

—Umm...—más demonios—se me hace que no. Nos regresaríamos el lunes para llegar acá en la noche y tengo que ir a trabajar el miércoles. Pero igual y puedo ir la semana que entra...

—Ah, ya no te hagas pato y ve.

Maldición. Debí haber anticipado ese subtexto de "te doy 'permiso' pero me las vas a pagar". Ni modo, lo hecho, hecho está. Ya está apuntada la chancla y ahora no hay vuelta atrás.

 

 

Me desperté temprano la mañana siguiente para hacer todo lo necesario, y todo procedió de acuerdo al "plan". Para la 1 p.m. quedamos en vernos en el Whataburguer de la calle Mesa, el que está justo afuera de la Universidad de El Paso, donde Pepe está estudiando.

Pepe (aún me cuesta un poco de esfuerzo no decirle Babudas, que era el apodo con el que llamaban sus hermanas) es el hermano menor de Sandra, un amor que desde hace ya varios años tuve que guardar en un rincón especial de mi. Lo conocí cuando él tenía como unos trece o catorce años y todavía estaba en secundaria. Era un niño en aquella época. Extrañamente, después de romper con su hermana seguimos siendo amigos. De alguna forma nos unía el sabor y la pasión por la música y cuando él todavía estaba en prepa nos echamos varios viajes a Las Cruces y a Albuquerque, para ver a "bandas" tocar. La última vez que lo había visto fue en la época navideña, hace como dos años, cuando me lo topé a él y a su novia en Barnes & Noble. Nuestra conversación fue breve, pero me platicó que estaba estudiando física en UTEP, y lo extraño es que lo intuí por los lentes que ahora usaba. Ahora estaba ya a punto de gradurase e irse a Europa a estudiar una maestría.

Llegamos al Whataburguer apenas con un minuto de diferencia. Lo vi aproximarse por la calle University acompañado de un sujeto también de lentes, pero con barba talibán-esca.

—Mira, este es Baylón.

—¿Qué rollo? —¿Qué tal?

—¿Qué onda, cuál es tu auto?

—Pues el más marrano—. Uno de los pendientes era lavarlo para quitarle una o dos de las tres capas de tierra que traía, pero no me alcanzó el tiempo.

—Vamos por el mío para dejarlo en casa de mi tía ¿no?

—Simón. —Arre.

Procedimos a dejar encargado el auto en casa de su tía Teresa. Luego una breve pausa en Wal-Mart para abastecernos de chuchulucos. En el camino nos topamos a Alexa y su suegra en un semáforo.

—¿Qué onda? ¿No se iban ayer?

—No. Ahorita. De hecho ya vamos para allá.

—¡Qué padre! Yo quería ir... que se la pasen a toda madre mijo. ¡Me traes algo! ¿Eh?

—Ándale pues...

 

 

Pasaban ya de las 2:30 p.m. cuando agarramos carretera. Aún nos esperaban unas diez horas de viaje y tres estados que cruzar, así que había que mantener el paso y parar lo menos posible.

Baylón resultó ser amigo de Pepe de la prepa. También le había dado por ser físico, pero estudió en Monterrey. Dos físicos y un inge en un auto parecía casi un chiste clásico de geeks. En algún momento del camino estaban haciendo construcción en la carretera y tenían uno de esos dispositivos que dice a qué velocidad va cada cocche:

—Me pregunto cómo jalan esas cosas—dijo Pepe.

—No sé...

—Pues dos radarazos, ¿no?—contesté yo. —Con eso puedes determinar la distancia y la velocidad...

—¡Ah sí!—exclamó Baylón.

—¿Ya te estabas imaginando lásers y algo diabólico, verdad?—le preguntó Pepe, dando a entender que también había pensado algo similar.

—Ay, ¡físicos! Por eso nos necesitan, para encargarnos de los detalles prácticos.

Paramos solo un par de veces, una para cargar gasolina y otra para comer y aguantar hasta la noche. Baylón durmió la mayoría del camino en el asiento trasero, recuperándose de la desvelada y de tener que tomar un vuelo a las 5 a.m. desde Monterrey para llegar a Juárez.

Platicamos de mil cosas en el camino, mientras yo manejaba y Pepe permanecía en el asiento del copiloto. Diez horas en auto llevan a conversaciones interesantes, especialmente cuando llevas literalmente años sin platicar con alguien. Sin haberme dado cuenta, Pepe se convirtió del chavito que solo era "el hermanito de Sandra", a un amigo con el que ahora me podía ir a echar unas cervezas. Filosofamos bastante y platicamos mujeres y de la vida. Es extraño oir las historias y los acontecimientos de lo que en algún momento fue también tu familia. Escuchar cómo ha cambiado cada quién, para bien o para mal. Hasta le platiqué algunas historias que nos había contado su abuelo cuando Sandra vivía con él. Era como contar las aventuras de mi propio abuelo, al que nunca conocí en persona.

Por aquello de las 9 p.m. sugerí que decidiéramos dónde íbamos a pasar la noche. Le di la lista de hoteles en el área a Pepe y él comenzó a marcar a cada uno de ellos usando mi celular. Las conversaciones parecían repetirse.

—Hi. Do you have rooms available for tonight? No? Thanks.

—Hi. Do you have rooms available for tonight? You're all booked? Thanks.

—Hi. Do you have rooms for this weekend? And what's the rate? 219 per night? Thanks.

—Hello, do you have rooms available for tonight or this weekend? Just one? And how much is the rate on that? OK, thanks. 230.

Era claro que las opciones de hospedaje estaban totalmente fuera del presupuesto. Acampar podía ser una opción, pero llegaríamos cansados y pasada la media noche así que tampoco era muy atractiva la idea.

—Pues yo tengo familia en Indio—dijo Baylón—pero nunca los he conocido.

—¿Ah sí?

—Sí, una heramana de mi abuela vive ahí con otra tía. De hecho mi abuela habló con ellas para avisarles que veníamos, pero pos me da un chorro de pena pedirles que nos quedemos ahí porque no me conocen.

—Pues se me hace que no nos va a quedar de otra.

—Está bien—. Tomó mi teléfono y comenzó a marcar. —¿Hola? Qué tal, habla Javier el nieto de Amelia... Creo que le avisó que iba venía yo a Indio... Oiga, sabe que me da mucha pena, pero vengo con unos amigos y no encontramos donde quedarnos esta noche, ¿estaría bien si nos quedamos con usted...? Hijo, muchas gracias. ¿Cuál es su dirección...? Muy bien, nostros estamos como a dos horas de llegar, ya casi salimos de Arizona, entonces llegamos como a las doce treinta o una de la mañana tiempo de ustedes... Muy bien, ¡gracias!

—¡El destino!—le dije al Babudas. —Cuando algo quiere pasar, pasa.

Al llegar a Indio nos detuvimos en una gasolinería a comprar un mapa detallado del área y a estirar las piernas. La calle Géminis quedaba cerca, apenas a unas cuadras de la salida de la carretera interestatal para llegar a la 111.

Nos recibieron Doña Rosa y su hija Lola. Doña Rosa era una octagenaria de cabello plateado, originaria de Meoqui, Chihuahua, a juzgar por el acento. Ambas vivían en un departamento de dos cuartos y nos habían cedido uno de ellos para que durmiéramos en él. Era claro que había pasado su hora de ir a dormir.

—Pásele, pásenle, que esta es su casa. ¿Cómo les fue de viaje?

—Bien, Gracias a Dios, un poco largo pero ya estamos aquí—contestamos.

—A ver Lola, pónles unos cojines más para que puedan acostarse. ¿Ya cenaron?

—Sí, comimos algo en el camino.

—Bueno pásenle si quieren a dormir, que yo creo vienen cansados. Pero, ¿sí cabrán bien en ese cuarto?

—Nosotros nos acomodamos, usted no se preocupe.

—Está bien. Buenas noches entonces.

 

(Continuará...)

domingo 13 de abril de 2008

The Heartless Bastards - All This Time

The Heartless Bastards - All This TimeSi Janis Joplin reencarnara hoy en día, probablemente habitaría en el cuerpo de Erika Wennerstrom, la escritora, vocalista y guitarrista del grupo The Heartless Bastards, quienes aparte de tener el mejor nombre para un grupo en todo el planeta, sacaron mi album favorito del año pasado, All This Time--OK, ok, en realidad lo sacaron en el 2006, pero yo apenas me topé con él el pasado, ¿está bien? ¿contento? :-)

Este trío es de Cincinnati, Ohio, lo cual creo confirma mi teoría de que mucha de la mejor música sale de los puebluchos polvorientos y aburridos que están alejados de la civilización--en serio, ¿qué ha salido de Ohio aparte de Drew Carey?

Pero dejando las bromas de lado, te reto a que visites su sitio--o su MySpace, para los que les gusta ese tipo de cosas... eek--y que escuches Into The Open.  Ahora intenta detenerte y dejar de tararear la melodía.  Ah, ¿verdá'?

Ahora échale un oído a Searching for the Ghost, All This Time, I Swallowed a Dragonfly, Blue Days, Valley of Debris o Came a Long way.

Enjoy.

domingo 2 de marzo de 2008

The Swell Season

Siempre siento chistoso cuando artistas que parece que "nomás yo conozco" de pronto salen "al estrellato".  Tal parece ser el caso de The Swell Season, también conocidos como Glen Hansard y Markéta Irglová. Estos son los chavos que esta semana ganaron el Oscar a la mejor canción.  Y la verdad no puedo pensar en aguien que lo mereciera más.

Yo compré su disco a mediados del año pasado después de escuchar un concierto de ellos en NPR porque  una canción en particular, Leave, me llamó tanto la atención que tenía que escuchar más. Lo que obvtuve fue totalmente inesperado y el disco se convirtió en mi segundo favorito del 2007.

Lo que tienen este chavo y esta chava es una emotividad difícil de describir aunada a una fantástica capacidad de armar melodías hermosas de la manera más sencilla: voz, guitarra y piano parecen ser suficientes.  O será que solo soy un romántico empedernido.

La verdad no le había dado importancia a que habían hecho una película aunque recuerdo que en el concierto hubo un momento medio chistoso en el que ellos mismos dicen algo así como: "vinimos aquí hace 6 meses y tocamos en tal lugar y había como 10 personas, y hoy parece que algo pasó, no estoy seguro qué pero es brillante".

El disco no solo contiene algunas de las rolas de la película (incluyendo Falling Slowly, la que ganó el Oscar), sino que lo completaron con varias otras que escribieron por puro placer.  Como todavía es hora que no he visto Once no sé cuáles son cuáles, pero mis favoritas definitivamente son: Leave y Sleeping, aunque Falling Slowly, When You're Mind's Made Up, The Moon y Alone Apart no se quedan atrás. (Oséase casi todo el disco ¿verdá? denkyouverymuch)

Para mi suerte (y lo digo porque ya tengo planeado ir) este grupo va a tocar en Coachella este año, así que ya están en mi lista de must see.

En fin, pueden descargar el disco en eMusic, iTunes o Amazon. Pero mientras aquí les dejo una muestra. 

Enjoy.

P.D. Acabo de rentar la película, Once en iTunes (hey, eso de no poder ni siquiera salir a la esquina por el méndigo resfriado me ha vuelto un fresa de lo pior qué puedo decir) y se me hace que voy a tener que comprar algunos tracks del soundtrack, If You Want Me y The Hill también están de poca, maldición. :)

jueves 29 de noviembre de 2007

Citadino

Un día estaba escuchando el podcast En la Historia de Roberto Jiménez y empezaron a hablar sobre jazz en México o, mejor dicho, jazz mexicano. El invitado en esa ocasión fue Héctor Infanzón y mientras las amenas charlas Héctor presentó su último material: Citadino.

He querido conseguir el álbum completo pero me ha sido difícil lograrlo; primera, porque no vivo en el centro chilango y, segunda, porque ya ni siquiera vivo en México. El punto es que le escribí a Héctor para preguntarle dónde puedo conseguir el disco y si puedo pagar por Paypal y descargar los archivos digitales. Héctor muy amablamente me contestó diciéndome que están contemplando la posibilidad de vender en el extranjero pero que por mietras puedo descargar 4 temas gratuitos de su MySpace.

  • No porque me acuerdo
    Este tema es mi favorito me encanta el dinamismo que logra y cómo se va concentrando energía, emoción y ritmo. El trabajo es magistral y la mezcla suena genial puedes distinguir muy bien a cada instrumento. Lo tienen que escuchar. Después de escuchar este tema me percaté que hay tintes de vida urbana capitalina.
  • De a diez varos
    Esta pieza les va a interesar... para los que pensamos que el dialecto chilango es casi cantado aquí tenemos una muestra de que al menos es altamente musical. Imagínense, Héctor grabó a dos vendedores de mercado promocionando "lentes de a 6 varos y pantaletas de 10 varos" y con eso y un tecladín creó esta pieza.
  • Nos la debíamos
    Otro tema riquísimo y hasta cierto punto te hace mover el bote. De alguna manera me recuerda escenas de gente caminando en el centro del DF.
  • Zócalo
    Quizá mi tema favorito por el ritmo de huapango hermoso.

Por lo pronto, con estos 4 temas me doy por bien servido. Me gustaría tener el álbum completo así que si alguien me ayuda a comprarlo y enviármelo se lo agradecería.

Un mexicano en Brasil

Por fin pude adquirir el disco "Un Mexicano en Brasil" de Nacho Méndez gracias a mis amistades en el bajío mexicano — muchas gracias Beto. Los que me conocen saben que soy amante de la bossa nova. Anduve mucho tiempo buscando este CD porque se me hace una fusión muy interesante. Paren oreja: música ranchera en bossa nova.

Nacho Méndez es otro enamorado de Brasil y de su música. De hecho, en esta liga dice que le picharon un viaje para que visitara el Brasil y tuvo oportunidad de conocer a grandes de la bossa nova. El trabajo reflejado en esta obra me pareció bien logrado. La música mexicana brava, envalentonada y cantinera se fusionó excelentemente con la suavidad de la bossa y el ritmo clásico brincadito.

Resulta un agazajo escuchar los temas clásicos que vienen impresos en el ADN de cualquier mexicano en un ritmo fino como es la bossa nova. Hay algunos detalles que no me gustaron. Por ejemplo, no me gustó como está grabada la guitarra, parece que está con la pura pastilla. Algunos arreglos percusivos no me gustaron tampoco, parecen de caja de ritmos pero sin vida. Por otro lado, me gustó la suavidad del piano como derramando gotas musicales. La voz de Nacho Méndez… meramente bossa novera. Muito obrigado Nacho Méndez.

martes 27 de noviembre de 2007

Viva: Ottmar Liebert & Luna Negra

Ahora me puse a escuchar este álbum y me acordé por qué me gusta tanto.

La música de Ottmar Liebert y su banda, Luna Negra, me encanta; todos los músicos tienen mucha destreza.

Luna Negra siempre cuenta con percusiones "orgánicas" — usando la palabra de moda — que hacen sentir que la música proviene de la tierra misma. En este álbum van a escuchar udú, cajón, huevos y shakers, batería, congas y muchas percusiones de efecto incluyendo sonajas que se dejan caer en una tina con agua.

Jon Gagan siempre hace maravillas con el bajo y me encanta su sonido, muy nítido y con empuje. Me encantan las líneas de bajo de Heart Still / Beating - 2 the Night por ejemplo.

El piano lleva esos ritmos que invitan a bailar y que son tocados magistralmente por Dominic Camardella y, cuando el tema lo requiere, Dominic también utiliza unos sintetizadores y pads que crean ambientes relajantes.

Uno de mis temas favoritos es Morning Arrival in Goa, me quedo en la lela con tanto sonido percusivo, pongan mucha atención cuando lo escuchen. Los sintetizadores/pads rellenan muy bonito y el percusionista está usando un multi-tap delay que produce un eco que va brincando entre los canales izquierdo y derecho; van a notar que cuando hace sonar los silbatos de pajaritos, triángulos, campanas y sonajas todos estos sonidos van a andar brincado de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Lo interesante de esa parte es que Ottmar Liebert repite varios compases en el mismo acorde; es interesante porque a pesar de la monotonía del acorde este pasaje tiene un gran dinamismo con todos los soniditos introducidos. Ahí por el minuto 3:00 van a escuchar a mi tambor favorito: el udú. El udú es un tambor de barro, parece una olla frijolera que tiene un agujero en el costado. Con tu imaginación lo vas a distinguir, el golpe agudo lo vas a identificar muy rápido pero el golpe bajo es impresionante, tienen una energía muy poderosa que seguramente te va a cautivar.

Otro tema genial por el sonido comprimidito del cajón es Black Stone Bulería. Dos guitarras, bajos y un cajón que suena de poca madre. Hay una parte por el minuto 2:00 donde se quedan el bajo y el cajón y por atrás dando vueltas se escucha un sintetizador... tres elementos y una riqueza absoluta.

El que siempre me sorprende es Stefan Liebert, creo que es hermano de Ottmar. Stefan se encarga de la ingeniería de sonido (mezcla, producción, mastering). Este álbum me fascina porque fue grabado en vivo y tiene un sonido padrísimo. Por ejemplo en Dream se escucha solamente a la guitarra de Ottmar Liebert con la compresión de rango dinámica para escuchar "el respiro" de la guitarra y en varios temas se escucha la interacción de la gente; pensaría que usaron unos micrófonos para grabar a la audiencia en un arreglo estéreo-fónico y qué bueno porque te hacen imaginar que estás ahí escuchando a la banda.